Nueva York celeba la victoria de España… salvo los argentinos

En una ciudad donde el español resuena con la misma fuerza que el inglés, la conquista del Mundial por parte de España se convirtió durante unas horas en una celebración compartida por buena parte de la comunidad latinoamericana. Mexicanos, colombianos, dominicanos, ecuatorianos, venezolanos, peruanos o puertorriqueños se mezclaron con los aficionados españoles en Times Square, Hudson Yards y otros puntos emblemáticos de Manhattan para festejar un triunfo que muchos sintieron como propio.No era únicamente una cuestión de banderas. En Nueva York conviven millones de hispanohablantes que comparten barrios, trabajos y espacios culturales. Durante la final del Mundial, esa identidad común se hizo visible en las calles. Tras el pitido final, camisetas de distintos países latinoamericanos acompañaban a las rojigualdas en una celebración espontánea donde predominaban los cánticos en español, las bocinas y los abrazos entre desconocidos.Muchos aficionados latinoamericanos explicaban su apoyo por razones deportivas. España, decían, representa un fútbol técnico y una selección integrada por jugadores admirados en ligas que siguen cada fin de semana. Otros apelaban a los vínculos históricos y culturales con el país europeo, mientras algunos reconocían simplemente que preferían ver campeón a España antes que a una Argentina que llegaba como vigente campeona y favorita.La excepción fue, naturalmente, la comunidad argentina. Si durante los días previos miles de hinchas habían convertido Times Square en una extensión de Buenos Aires con banderas celestes y blancas, canciones dedicadas a Lionel Messi y un ambiente de auténtica fiesta, la derrota dejó paso al silencio y a la decepción.Las imágenes posteriores al encuentro mostraban dos estados de ánimo completamente opuestos. Mientras los españoles y numerosos latinos cantaban y celebraban por las calles de Manhattan, muchos argentinos abandonaban los alrededores del MetLife Stadium entre lágrimas y abrazos, orgullosos del recorrido de su selección, pero golpeados por perder una final que muchos esperaban que fuera el último gran título de Messi.Ese contraste refleja una realidad frecuente en las grandes ciudades estadounidenses. Aunque cada comunidad conserva una fuerte identidad nacional, existe también un sentimiento de pertenencia a un espacio cultural común. En acontecimientos de enorme impacto, como un Mundial de fútbol, buena parte de los latinos tiende a apoyar a selecciones con las que sienten cercanía lingüística o cultural, especialmente cuando su propio país no está en la final.La celebración en Nueva York dejó una imagen poco habitual: miles de latinoamericanos festejando junto a los españoles una victoria mundialista, mientras la única comunidad claramente al margen de la fiesta era la argentina. No por falta de pasión, sino precisamente por todo lo contrario. Para ellos, el Mundial no terminaba con una celebración compartida, sino con el dolor de ver escapar una cuarta estrella. Para el resto de la comunidad hispana que llenó las calles de Manhattan, la noche terminó convertida en una gran fiesta en español, con acentos de ambos lados del Atlántico y un mismo protagonista: el fútbol.

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